Cuando hablamos de víctimas, a menudo olvidamos que miles de hombres han sido desplazados, violentados, torturados y obligados a empuñar armas en contra de su voluntad. Han perdido a sus familias, sus tierras y su identidad en una guerra que no eligieron.

Ser hombre no los hace menos vulnerables. El dolor no tiene género. Es momento de reconocer sus historias, su sufrimiento y su derecho a la verdad, la justicia y la reparación.

Maria José Corrales